No obstante, en el tema de la convivencia no hemos avanzado. Las violencias ejercidas por un lado por ETA y, por el otro, por el Estado español han provocado que el listón ético en Euskadi sea bajo. Por un lado, ETA, y el MLNV en su conjunto, se ven como únicas víctimas y como auténticos libertadores de Euskadi. Tras cada atentado, los dirigentes visibles del movimiento, escurren el bulto con discursos abstractos que dicen todo, pero que en el fondo no dicen nada. Por el otro lado, se sitúan el PP y el PSOE, partidos que han sustentado el Gobierno español, que niegan cualquier caso de tortura y de vejación de los Derechos Humanos por parte de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Asimismo, están de acuerdo en dejar, tal y como han hecho sucesivamente en estas últimas elecciones, a parte de la ciudadanía vasca sin la posibilidad de votar al partido que desean, lo que ha condicionado los últimos procesos electorales. El PP y el PSOE, además, han utilizado su condición de víctimas de ETA, para monopolizar el dolor de todas las víctimas habidas en Euskadi. Esto lo han hecho, primero, autoproclamándose las víctimas de ETA por antonomasia, sin contar con que no han sido las únicas, para luego, convertirse en las víctimas por antonomasia. Para el PP y el PSOE no existe otra violencia que la de ETA, que utilizan desde sus medios de comunicación para tapar las diferentes vulneraciones de derechos que padecen algunos vascos. Juegan con total frivolidad con el sentimiento victimista, para apropiárselo, tal y como quedó claro en la época Aznar.

Por eso, los nacionalistas vascos, que estamos situados entre los dos extremos, debemos defender el respeto a todas las ideas y proyectos. Eso es, defender que en Euskadi hay una pluralidad política que, además de ser aceptada, debe ser asumida con las consecuencias que acarrea. Vascos somos todos y así lo debemos entender y aceptar. No debemos caer en la imposición de carnés según la ideología. No hay buenos o malos, sino ciudadanos vascos diferentes. Esa aceptación y asimilación, nos debería llevar automáticamente, por inercia, a la deslegitimación de la prohibición. Eso conlleva estar en contra de cualquier tipo de negación de derechos. En este apartado, también debe contemplarse el rechazo a la violencia de ETA, ya que sólo aceptando que la violencia no es unilateral, sino que hay varias y diferentes, conseguir comprender al del otro lado. El objetivo es recomponer los lazos sociales de Euskadi, que aunque son más fuertes de lo que creemos, podrían serlo aún más.

Para ello, se deben, desde las instituciones vascas, lanzar políticas integradoras que deben buscar puntos de encuentro, donde converjamos la mayoría de ciudadanos vascos es. El Estatuto, aunque desgastados y trastocado por el Estado, debería servir para ello, ya que es la ley que mayor consenso tiene. Y también las Instituciones vascas que deberían ser quienes, además de proponer esas políticas, las defiendan. Es en las Instituciones vascas donde estamos representados los vascos, por lo que, es ahí donde debería residir nuestra soberanía. Una soberanía ejercida desde España, que las instituciones sólo gestionan. Por lo que, para dotarnos de mayor soberanía, deberíamos apostar por un “concierto político”, que construya un pacto bilateral, de respeto mutuo, entre España y Euskadi.

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La situación actual:

La sociedad vasca vive entre contradicciones que le impiden una normalización política a través de la imposición. Por un lado, está ETA quien desde sus posiciones amenaza de muerte a quien no está dispuesto a someterse a sus dictados. Durante los 50 años de existencia de la banda, todos los partidos políticos y espectros sociales han sido blanco de su ira. No importaba la condición social ni la ideología, daba igual nacionalista ser vasco que español, obrero o patrón. Cualquiera que no estuviese con ellos o callase podía ser el siguiente en el cementerio. Por el otro, está el Estado Español que con su mentalidad de “todo es ETA” ilegaliza todo lo que sea cercano a Herri Batasuna. Esa estrategia lo único que provoca, al igual que pasó con el GAL o en la época franquista, es un fortalecimiento de ese mundo y por consiguiente de las posiciones más ortodoxas que niegan cualquier tipo de acuerdo o diálogo. Son los que creen que la lucha armada liberará a este país cuando no hace otra cosa que condenarlo.

En el medio de este frenetismo se encuentra la sociedad vasca en su mayoría. Una sociedad que quiere avanzar, al igual que todas, en paz y libertad. Es algo obvio pero que parece imposible debido al bloqueo que padecemos desde hace un tiempo. Esto ha llevado a que el debate político en sí haya perdido interés. Además, si se suma el hecho de que España se ve como algo lejano gracias al autogobierno, el ciudadano de a pie piensa que la identidad vasca no corre peligro o simplemente se desentiende al entender que cada uno puede defender su cultura sin problema alguno. Lo cual, unido a la globalización y su proceso de “desestatalización”, ha llevado a que el debate identitario no interese tanto. En pocas palabras, España ya no es un problema. La Guardia Civil y la Policía Nacional son casi transparentes, el castellano no es la lengua única en los carteles y la bandera española está desaparecida.

Esta situación, unida a la globalización, ha hecho que los problemas sociales tengan cada vez más peso. Más aún ahora que vivimos una crisis económica que ha llenado el país de ERE’s (expedientes de regulación de empleo). Los problemas para conseguir un empleo fijo o una vivienda digna a un precio asequible ocupan ahora las preocupaciones de los vascos que son más “pragmáticos” que los anteriores. Antes esto era un debate secundario. Y quizás ha sido en ese plano en el que se ha avanzado más en Euskadi. La gestión del autogobierno vasco ha permitido que nuestro país sea de los más avanzados en Europa. Los datos así lo dictan. La Ertzaintza, el Intituto de Juventud u Osakidetza son ejemplo para otros así como los modelos educativos que permiten que los vascos seamos de los mejores preparados del Estado. Puede que nuestro problema haya sido no saber venderlo. Dicen que los vascos somos gente de pocas palabras y hechos. Pero si echamos la vista atrás veremos como en 30 años hemos mejorado sustancialmente nuestra calidad de vida.


He aquí mi nuevo blog que va a servir para oxigenar el antiguo que seguirá su curso. En “Reflexiones sobre Euskadi” daré vueltas al conflicto vasco desde mi humilde punto de vista. Quizás no sea el que más sepa, quizás no sea el que menos, pero por lo menos daré mi opinión e intentar aportar mi granito de arena para que esto acabe. Este blog quiero que sea más elaborado que el otro. Así que puede que los artículos sean más largos y tediosos. Aun así, espero que los leáis a gusto. Escribo para desahogarme, por necesidad, pero me gusta que me lean y me critiquen. ¡Para qué engañarse!


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08Feb09

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